Charla intergeneracional entre cuatro mujeres de ciencia dentro de las actividades del 11F

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En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, analizaron las barreras con las que se encontraron en las diferentes etapas profesionales

Desde diferentes ámbitos del conocimiento, diferentes campus y diferentes etapas profesionales, cuatro mujeres investigadoras participaron este miércoles en una charla intergeneracional enmarcada dentro de las actividades organizadas por la Universidad de Vigo con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Las protagonistas de la cita fueron Talía Rodríguez, del Departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad; Cristina Delgado, del Departamento de Ecología y Biología Animal; Susana Reboreda, del Área de Historia Antigua e Carmen García Mateo, catedrática de Teoría de la Señal y Comunicaciones e investigadora de atlanTTic. En el edificio Redeiras en el que tuvo lugar el evento, cada una de ellas relató cómo fue su etapa académica y como se desarrolló su trayectoria profesional hasta la actualidad. A pesar de que las separan décadas, coincidieron en que queda mucho por hacer, que la lucha es continua, que las desigualdades de género son mayores cuanto más se sube en la escala profesional y que, en muchas ocasiones, son las propias mujeres las que se ponen barreras.

Diferentes momentos, visiones similares

En un debate moderado por la vicerrectora de Comunicación y Relaciones Institucionales, Mónica Valderrama, las primeras en intervenir fueron las docentes más nuevas, comenzando por Talía Rodríguez, investigadora que desarrolla su trabajo en el ámbito de la producción audiovisual, contenidos en televisión, plataformas digitales, análisis de campañas de publicidad y desinformación. Llegó a la Universidad tras constatar que la conciliación era imposible en el sector audiovisual, “en cuanto te planteas ser madre, desapareces del panorama laboral”. Por esto considera que su entrada en la UVigo fue “dulce, ya que entré durante mi baja por maternidad, algo impensable en el mundo profesional”. Ya en el ámbito universitario reconoce que “la investigación desde esa perspectiva es más positiva de lo que esperaba”.

Más atrancos encontró Cristina Delgado, docente e investigadora distinguida del Departamento de Ecología y Biología Animal, que desarrolla su trabajo en el área de ecología y taxonomía de las diatomeas, tanto en ecosistemas marinos como en agua dulce. Explicó que su experiencia fue una lucha continua, ya que a pesar de que durante la etapa de la carrera o de la tesis “iba a la par con mis compañeros y no tuve dificultades, llegado a un punto, tienes que eligir”, en referencia a los roles de madre o cuidadora, que “pesan mucho a la hora de tomar decisiones y de poner la profesión por delante”. Recalcó que “muchas veces es culpa nuestra, no de la sociedad, pero debemos saltar esa barrera y no dejarnos llevar por eso”. En su caso, fue madre mientras trabajaba en la tesis de doctorado y, “con el apoyo de mi familia y de mi marido hice estadías en Portugal y nos organizamos para acceder a contratos y conciliar”, aunque reconoce que sufrió críticas “por no estar con mi hijo todos los días”. Pero su caso no es el habitual, reconocía, del mismo modo que la vicerrectora Mónica Valderrama, quien recordaba que la producción científica de la mujer “decae entre los 0 y los 3 años de sus hijos, lo que hizo Cristina es algo atípico”.

Con una experiencia profesional extensa, Susana Reboreda y Carmen García Mateo acercaron una perspectiva temporal más amplia. Reboreda, docente e investigadora del Área de Historia Antigua desde 1997 centrada en la mitología griega y la mujer en la antigua Grecia, forma parte de varios proyectos relacionados con el mundo de la mujer y la maternidad. Reconoce que en su caso fue “un camino fácil” en el que no se sintió diferente a sus compañeros varones. “Las humanidades tienen un perfil que siguen muchas mujeres, por lo que no encontré muchas dificultades”. Sin embargo, subraya que las barreras sí aparecieron en una escala superior y, como ejemplo, destacó que cuando se convertió en profesora titular “solo había dos catedráticas”. Recordó tambén que siendo decana tuvo una niña, “fueron cuatro años en los que tuve que renunciar a la investigación. Lo hice encantada, pero porque estamos educadas para eso. Yo era consciente, tenía que escoger y me parecía que la gestión era más apetecible y tomé la decisión”.

La última en acercar su experiencia fue Carmen García Mateo, catedrática de Teoría de la Señal y Comunicaciones e investigadora responsable del Grupo de investigación en Tecnologías Multimedia de atlanTTic. Sus áreas de investigación básicas son la tecnología del habla en gallego y castellano, la segmentación de audio y el reconocimiento biométrico de personas. Es coautora de más de 100 artículos en revistas y congresos internacionales y dirigió 10 tesis. En su intervención recordó como su madre se echó a llorar cuando le dijo que iba a estudiar Ingeniería de Telecomunicación en Madrid. Allí se encontró con clases de 200 personas sin una sola mujer. Tras finalizar la carrera regresó a Vigo, justo cuando comenzaba a tomar forma la EE de Telecomunicación y apostó por involucrarse en el proceso. Reconoce que pensaba que con la docencia iba a tener que renunciar a la parte de su desarrollo profesional, pero “pronto comenzamos a hacer investigación y transferencia. Fue una oportunidad que aproveché e hice una carrera investigadora potente”. En este tiempo pudo constatar desigualdades en muchos aspectos, por ejemplo, cuando las mujeres ejercen como investigadoras principales, “si somos muy agresivas, nos califican de ‘machirulos’, pero en el caso de los hombres se entiende que es lo que tienen que hacer”. Sobre la evolución a lo largo de estos años, explica que ella sigue siendo la única catedrática en su área de conocimiento, a pesar de que tras el paréntesis en el proceso de acceso a las cátedras generado por la crisis, hay diez catedráticos nuevos, todos ellos hombres.

El debate también sirvió para analizar cómo la pandemia agravó la brecha de género que ya existía entre las investigadoras y los investigadores, cómo la brecha de cuidados sigue repercutiendo negativamente en el desarrollo profesional de las mujeres o cómo sigue habiendo, en palabras de Susana Reboreda, “temor a romper los techos de cristal”.

Fuente: DUVI.